El temor de la gorgona

La luz de las antorchas proyectaba figuras fantasmagóricas entre las decenas de columnas mientras el héroe avanzaba por una de las naves laterales con paso lento. Monstruos tallados toscamente en los capiteles parecían amenazarle. Le costaba respirar, la atmósfera estaba cargada del humo de las antorchas y del intenso olor a azufre que emanaba de los pozos que rodeaban aquel siniestro templo. Las gotas de sudor parecían querer evaporarse nada más emanar de su frente. El calor era insoportable.

Su brazo derecho estaba en tensión, listo para saltar como un resorte y atravesar con su lanza todo aquello que le saliera al paso. En su brazo izquierdo, el escudo parecía más pesado que nunca.

Pequeños fragmentos de roca se esparcían sobre un suelo de complicadas filigranas formado por diminutas teselas. Era como si alguien hubiera picado piedra en el interior del templo. Entre las pequeñas lascas comenzaron a aparecer rocas de mayor tamaño, con formas curiosas. Una de ellas llamó su atención, tenía una forma que le resultaba familiar. Tenía que ser una forma producto del azar, o quizás el calor y los efluvios del lugar estaban nublando su mente. Reconoció el casco hoplita. Lo que tenía a sus pies era la cabeza de un guerrero tallada en piedra. Parecía demasiado real para haber sido esculpida por un artesano. Bajó el escudo, cambió la lanza de mano y se agachó lentamente para observar mejor aquella roca que lo había dejado ensimismado. Sus dedos apenas habían tocado la piedra cuando sintió una ráfaga y notó como unas manos, femeninas pero con una fuerza brutal, agarraron su cuello y lo levantaron un palmo del suelo. Asustado, agarró con fuerza su lanza y levantó la vista para asestar un golpe que lo liberara, pero nada pudo hacer cuando su mirada se encontró con aquellos ojos crueles, de los que emanó un resplandor que convirtió al soldado en piedra.

En el silencio del templo, la gorgona creyó escuchar el sonido del batir de unas alas en el exterior. Con un movimiento fugaz, se giró derribando al soldado de piedra, deslizándose entre las columnas hasta llegar a la entrada. Se ocultó tras el mármol ennegrecido por el paso del tiempo y al elevar la vista lo vio. Un caballo alado descendía desde las alturas obedeciendo las órdenes de su jinete, armado con escudo, lanza y espada. Otro héroe más que viene en busca de la gloria- pensó Medusa. No obstante, esta vez sintió un escalofrió que convulsionó todo su cuerpo y volvió a ocultarse, preparada para asaltar al nuevo visitante por sorpresa. Medusa sintió un mal presentimiento.

Carlos Rosae, 2015
Todos los derechos reservados.

Anuncios

2 comentarios en “El temor de la gorgona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s